Conclusiones del cuarto año del Campo Demostrativo de avellanos en Foncea

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El Campo Demostrativo que estudia en Foncea cómo adaptar diferentes variedades de avellano a la mecanización de la recolección está en su cuarto año de experimentación. El experimento concluye en 2027.

Su promotor, Jorge Montejo, afirma que observa “ciertas mejoras” a la hora de entender el cultivo, tras apoyarse en la experiencia de las plantaciones existentes en Tarragona, “donde hay mucho mayor conocimiento del avellano”.

En cuanto a las mejoras en el manejo del cultivo, tras los problemas de defoliación temprana detectados el año pasado, Jorge considera que no es problema de la ubicación de los árboles: “La zona sigue siendo idónea, pero tenemos el inconveniente del viento constante, que provoca que las hojas se rocen entre sí, generando heridas por las que entran bacterias. Lo que hemos hecho este año ha sido aplicar más tratamientos, a dosis más bajas”.

Respecto a la fertilización, también ha variado su aplicación, buscando un desarrollo más apreciable de la planta: “He visto que no vale con aplicar abono foliar más un abonado de invierno, sino que hay que añadir más abono a través del riego, ya que el avellano necesita mucha agua y mayor fertilización para que el árbol se desarrolle mejor”.

La ayuda a la polinización es otra cuestión a tener en cuenta. Jorge continúa haciendo pruebas con diferentes plantas, para que su momento óptimo de floración coincida con la de las diferentes variedades de avellano.

Para la eliminación de los bravos (chupones que salen fuera del tronco principal), está probando a no hacerlo manual ni mecánicamente, sino con producto secante: “La madera del avellano joven, aunque las varas sean luego duras y firmes, es muy sensible. Así que cuanto menos se toque el árbol mejor”.

En cuanto a la poda, en la pasada se realizó un corte bastante agresivo, así que la próxima se enfocará a recortar ramas en el interior de la copa de los árboles. Todavía no ha decidido si el sistema definitivo de poda será en “pisos”, o dejando varas rectas.

Tras estos primeros años de experimentación a Jorge le surgen dudas, como la posible afección de la recolección mecánica a la flor del año siguiente (que ya se está formando en el momento de la recogida); o la búsqueda del momento óptimo de la cosecha, ya que las diferentes variedades se llevan hasta 3 semanas en la maduración. Cuestiones como estas se resolverán en los próximos años. En cualquier caso el promotor mantiene el optimismo, tras los primeros años de ensayo: “Quedan varias incógnitas, pero lo que es seguro es que la zona es la correcta, por la climatología. Estamos poniendo avellana en el sitio adecuado”.

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